martes, 26 de marzo de 2013


Mi confrontación con la docencia
Por: Rosa Alejandra de Jesús Silva Velázquez

El buen maestro trasciende positivamente en sus alumnos…

      Desde los 11 años de edad ayudaba a niños menores que yo a ponerse al corriente en sus materias; a los 14 años colabore en el INEA alfabetizando adultos; estas dos actividades me ayudaron a identificar el gusto por la docencia. Por lo tanto me considero docente por vocación.

       A los 18 años, al tener la primera oportunidad, inicie formalmente y por iniciativa propia, a dar clases a nivel secundaria, impartiendo la materia de orientación vocacional, en una institución particular; después de esa primera experiencia a la fecha, he sido profesora desde nivel medio básico hasta nivel profesional; por lo que puedo asegurar que soy docente de vocación, pues disfruto estar frente a grupo, me gusta la relación continua con las personas, considero que es una oportunidad para estar en contacto directo con quienes son el futuro de mi país; me alimenta colaborar a formar personas contribuyendo positivamente a mejorar su calidad de vida en todos los niveles, (profesional, económicamente, físicamente, pero sobre todo en forma personal), pues estoy convencida de que un ser humano con una rica, positiva, eficaz, congruente y dirigida instrucción será alguien que puede influir favorablemente a quienes están en contacto con él, en cualquiera de los ambientes en los que se desenvuelva.

      Lo señalado anteriormente, se fue enriqueciendo a lo largo de mi formación universitaria y posteriormente con mi experiencia profesional, soy Licenciada en Psicología, egresada de la UNAM, con la especialidad en terapia familiar y Tanatología, y pude vislumbrar que muchas de las situaciones traumáticas que las personas reflejan en su vida adulta pudieron ser detectadas y atendidas en forma oportuna y eficaz en su etapa de estudiantes.

      Pero no todo ha sido fácil en esta tarea de contribuir en la formación de un feliz ser humano y un buen ciudadano, pues la burocracia, el exceso de trámites y el no contar con los tiempos para evaluar adecuadamente, impiden dar un mejor servicio.

     Sé, por experiencia personal, que es importante que nuestro trabajo nos agrade y, encontrar motivaciones continuamente para disfrutar y realizar con agrado nuestra labor es importante, ya que esto permitirá que nuestros alumnos vean un ser congruente; no olvidemos que para ellos somos un modelo a seguir. Recuerdo los maestros que marcaron positivamente mi vida, profesores de quienes aun tengo presente su nombre, pero sobre todo su estilo de enseñanza, y algunos aprendizajes que de ellos obtuve, considero que he retomado aspectos de cada uno de ellos para impartir mi clase. Son personas que influyen en mi identidad profesional, como lo señala Esteve[1]. Sin embargo también encontramos la contracara aquellos docentes que lo único que nos dejaron es un mal sabor de boca.

 

Considero que también es importante tomar en cuenta que nuestros jóvenes pasan durante la semana 40 hrs de su vida en la escuela, por lo tanto, en ella no solo reciben conocimiento e instrucción, sino también de aprenden valores, estilos de comportamiento,  entre muchas otras cosas, es como su segunda casa,  esta oportunidad se debe aprovechar.

Mi experiencia como alumno en la maestría y en la especialidad por línea me permite percatarme que como alumnos arrastramos muchos vicios de nuestra época de estudiantes y para desgracia de nuestros alumnos los arrastramos con ellos queremos que nos enseñen diciéndonos como hacer las cosas y todo esto está en contra de la  manera en la que hoy tenemos que enseñar, el esfuerzo por darnos buenos formadores no llega a buen fin en muchos casos es se refleja en la deserción.

 

Concluyo que después de compartir mi experiencia con respecto a mi labor como docente, leer cada  una de los  mis compañeros y la del profesor José Manuel Esteve, considero que es importante poner atención los siguientes aspectos:

ü  Atender a las necesidades de los profesores que ya están insertados en el sistema, capacitarlos en forma inmediata, así mismo cubrir estas carencias en la nuevas generaciones

ü  Siempre  se debe tomar en cuenta el contexto en el ejercicio de la docencia la vida del docente

ü  Siempre tener presente que nuestra materia prima son “seres humanos”

 

      Reitero  que para mi ser docente es la oportunidad de interactuar en forma directa con las personas y proveer conocimiento; es una forma de trascender a través de los alumnos, llenarse de satisfacciones con respecto a sus logros; es acompañar al otro en su camino por la vida; sentir al humano como un barro que se puede transformar.  Y me es grato conocer que estoy en comunión con mis compañeros del aula virtual en cuanto al ejerció de nuestra labor docente.

    

 



[1] José Manuel Esteve. “La aventura de ser maestro” Ponencia presentada en las XXXI Jornadas de Centros Educativos .Universidad de Navarra. 4 de febrero de 2003
 

2 comentarios:

  1. Estimada Ale:

    Te hago un comentario sobre lo que nos compartes en tu texto.

    Veo que tienes, no sólo vocación docente, sino que, además, tienes un perfil profesional que enriquece tu manera de transmitir conocimientos; considero que ese debería de ser el estandar del perfil del docente.
    Por otra parte, considero que una vez concluida la educación secundaria, sólo deberían de estar en las aulas aquellas personas que tienen el deseo de seguir estudiando y sacar a quienes por diversas razones ya no quieren hacerlo; esto ayudría a que la deserción fuera menor, de entrada, simplemente por estadística y en segundo lugar por que la influencia negativa se reduciría; más creo que esto no sucedrá en un futuro próximo, pues el gobierno no renunciará al número estadístico que representan los muchachos que mantienen en las aulas de manera fraudulenta.

    Nos leemos pronto.

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  2. Amiga:

    Sobre lo que nos dices acerca de como somos los maestros cuando volvemos a ser estudiantes, tienes razon. Hacemos muchas cosas que pedidmos no hagan nuestros alumnos.

    Debemos de esforzarnos por ser más congruentes para tener la autoridad moral que nuestra labor exige.

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